Va zigzagueando en una carrera limitada.
Latiendo como un tambor, como un martillo golpeando.
Van a romperme con sus ojos de bondad falsificada.
Y me arropo entre vestidos de colores y tacones para evadir las ideas.
Para callar las voces.
La música estridente para olvidar el mundo completamente.
Los ojos heredados, la fuente de vida.
La poesía del alma cuando reconoce a otra alma
Como la suya.
Soy un surco, una cicatriz vaga, casi imperceptible para quienes nunca han sido heridos.
La suerte de no estar llenos de heridas.
Pero de errores sí.
Todos pasan por ello.
Vuela en un aire colmado de ilusiones.
¿Qué es real y qué no?
¿Qué es tierra entre tanta agua?
Dame líneas, pensamientos, arrepentimientos.
Vacíos eternos, dolores inmensos.
Calor inconmensurable, unión de dos figuras distintas pero extrañamente similares.
La dualidad como principio del existir.

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